Bosnia y Hercegovina aun inestable

He tomado prestado de Robert Kaplan el título para recordar una pesadilla que de vez en cuando asoma como si fuese un cobrador de deudas contumaz. El resultado de las elecciones del domingo 3 de octubre de 2010, trajeron al frontispicio de la actualidad nombres que nos hacen entrar en el túnel del tiempo. Izetbegovic, Dodik, Silajdzic… Un hijo del primero fue elegido para representante bosniaco de la presidencia colectiva. La vorágine de acontecimientos presente provoca que problemas, a los que se les han aplicado soluciones improvisadas, hibernen en el desván de la reciente historia hasta que un acaso les despierte del letargo.

Es conocido que cuando se deja pudrir un problema lo que surge es otro. La situación de Bosnia-Herzegovina es una de esas que quedaron sin resolver, por languidecimiento, desde la última década del siglo pasado. Es también archiconocido que en el mundo mediático en que vivimos, cuando algo no está en los titulares, no existe. Este error se paga caro, porque los problemas no se desvanecen, están vivos y cuando salen de su letargo, normalmente se manifiestan de manera muy diferente a cuando se adormecieron.

Hay que recordar que, en el ambiente “excepcional” posterior a la Guerra Fría se permitió el desmembramiento de Yugoeslavia y, después de la guerra civil, se creó el estado de Bosnia-Herzegovina como resultado de los acuerdos de Dayton, en 1995. Fue una decisión americana, con el beneplácito de Europa, para poner un voluntarioso final a uno de los mayores fracasos de la historia de la ONU y muestra de un premonitorio adelanto de la incapacidad europea. El embajador Holbrooke, recientemente desaparecido, y el entonces SACEUR, General Wesley Clark, modelaron a martillazos la primera y engañosa pieza de nation building de la Posguerra Fría.

Quince años después de Dayton, con millones de euros invertidos, una prolongada ocupación militar, un ingente esfuerzo de la UE para la integración y un largo etcétera, el problema bosnio permanece. La situación sólo puede exponerse en términos pragmáticos y en la Bosnia de 2011 sigue perdurando el mismo problema de 1995: que está dividida en comunidades políticas de base étnica como resultado de una guerra civil y que el modelo creado para solucionar el problema carece de sustento histórico, práctico y lógico.

La herida bosnia mal cicatrizada ha vuelto a plantearse recientemente. Las elecciones de octubre de 2010 han sido como una vuelta a las anteriores desde los años 90 que, a su vez, recrean la división étnica. Desde octubre del año pasado se ha estado sin gobierno y todo el proceso sigue tutelado por la Oficina del Alto Representante (OHR). La situación en los Balcanes ha llevado a la Canciller Merkel a expresar su interés en propiciar un acuerdo entre bosniacos, serbios y croatas. En el nuevo papel de Alemania como líder europeo, Berlín piensa en clave estratégica y contempla con preocupación cómo el impasse balcánico propicia la influencia turca y rusa en la zona.

La falta de acuerdo para la formación de gobierno en una de las dos entidades en que se constituyó el país, la Confederación (bosniacos y croatas) llevó a que la mayoría bosniaca, en contra de lo dispuesto en la Constitución, formase un gobierno sin representación croata. A esta solución le dio el visto bueno el Alto Representante, el austriaco Valentín Inzco, y la crisis estaba servida. Además el presidente de la otra entidad, la república Srpska, Dodik ha convocado un referéndum para tratar la legitimación del poder judicial del estado. Un hipotético acuerdo entre croatas y serbios, conforma un escenario que puede desatar dinámicas no prevista. Esta es, en pocas palabras, la situación actual.

El problema de fondo está planteado por el hecho que tanto la Unión Europea como los Estados Unidos han venido propiciando la permanencia de Bosnia-Herzegovina como un estado unitario, cuando esa no es la voluntad de la mayoría de sus ciudadanos, Bosnia es un país que una gran parte de su población no desea que exista, que soporta un desempleo del 43%, depende de la subvención internacional y ha visto defraudadas sus expectativas de crecimiento. Esas son pruebas de la artificiosidad del invento; se le llama estado a lo que de hecho es un protectorado de la Unión Europea.

Ante esta situación, donde hay establecida una entidad política con un hipotético régimen representativo, la decisión se le hurta a la población bosnia y se le otorga a un funcionario de la UE que no ha sido elegido por esa población. Este episodio de ingeniería estatal que es la actual Bosnia-Herzegovina, no es inocuo, al contrario, como ya se ha apuntado, es una herida mal cicatrizada en el corazón de Europa, que da muestras de volver a crear problemas. La UE no está atravesando su hora más brillante, la labor de protectorado sobre Bosnia no va más allá, no puede ofrecerse a los ciudadanos bosnios otros incentivos que promesas de mejor vida para vivir juntos. Ante una situación como la actual, a la eurocracia sólo le queda el recurso a los tecnicismos sin que una solución estable, con el actual statu quo, se divise en el horizonte.

No parece que estemos ante una situación que recree la guerra civil bosnia, pero si ante otra que pone en evidencia la falta de futuro para este estado artificial, en una zona que da muestras de estrés. La crisis financiera y económica griega, pone la guinda a una región con potencial de conflicto. Países como Albania, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Bosnia conforman un proyecto de futuro muy incierto. Rusia apoyará a la República Spsrka en un hipotético reparto de zonas de influencia en Europa, que incluirá la región balcánica y de esa circunstancia, la del reparto de esferas de influencia, se han dado cuenta tanto Alemania como Turquía.

Si se concreta la actuación política alemana en los Balcanes, que sería la segunda desde su reunificación -la primera, a principio de los 90, fue el reconocimiento unilateral de Eslovenia y Croacia-, sería un gambito en el que la pieza a sacrificar, está por ver, podía ser Bosnia-Herzegovina tal como la conocemos. Turquía puede influir económicamente en la zona como heraldo de un protagonismo estratégico en que contaría con países musulmanes como una Bosnia residual, un Kosovo que será un problema mayor cuando deje de estar tutelado y una Albania inestable.

El equilibrio estratégico de Europa vuelve a tener un factor esencial en los Balcanes, la historia es implacablemente tozuda. Los pueblos de Bosnia-Herzegovina, que tanto han sufrido, merecen un marco político que, a la vez que refleje su voluntad, les permita mirar al futuro con esperanza.      Fuente : Ateneadigital.es

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